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Cuando hace cuatro años Mauricio Macri ganó las elecciones presidenciales argentinas no hubo pocos que celebraron el inicio, o la restauración, de los procesos liberales en América Latina. Estimulados por la retórica de Vargas Llosa, habían analistas que levantaron al entonces electo presidente como un líder de talla regional que reemplazaría al chavismo y los progresistas y llevaría a su país al crecimiento y desarrollo. Un encendido y pasional  discurso apoyado desde Miami a la Patagonia, todo registrado en miles de artículos, posts, entrevistas y columnas que acertaba en parte. Solo en parte.

 

Sí, pero él no es cualquiera. Examine sus vínculos familiares, políticos, empresariales, la cuantía de su fortuna dispersa por el mundo. El círculo de sus amistades, sean nacionales o internacionales, pedigrí, y se enterará que es intocable. Aunque nos duelan los juanetes y se nos suelte la prótesis dental de tanto refunfuñar, debemos aceptar su currículo. Construyó a su alrededor una ciudadela, ladrillo tras ladrillo, a partir de la fecha que amañó la presidencia y desde ahí, ordena, vocifera, hasta quedar afónico. Se altera y rosadas se ponen sus mejillas de señorito, cuando lanza ultimátum e imprecaciones a su alrededor y tiritan sus lacayos.

 

 

A quien le servía de Ministro de Relaciones Exteriores, lo envió de embajador a España. Se quería deshacer del fulano, sin que causara sospecha. Lo empezaba a aburrir, a ponerse fastidioso, pues siempre le traía chismes propios de alcahueta, hasta llegar a tutearlo en una ocasión. Quizá, semejante patudez hundió al tipo. A menudo este burócrata frívolo, rastrero, asesor de sí mismo, escalador social, se las ingeniaba para meter al jefe en enredos cercanos al conventillo y aventuras internacionales, las cuales concluían en fiasco. Apresurado, el jefe le mostró la totalidad de los dientes, en una mueca de desagrado y le dijo: “Me gustaría que te fueses al Reino de España, a conocer la patria de don Quijote. Ahí podrás estrenar la ropa que compraste para lucir regio como Canciller. Buena suerte y me saludas a mi amigo el rey Felipe VI.”

 

El jefe, agobiado por la realidad, bien puede argumentar que aún tiene un sólido 29% de apoyo ciudadano y quienes lo rechazan, nada entienden de economía, menos aún de cómo gobernar un país. Ese 29% de apoyo jefe, está inflado y bien usted lo sabe. Se trata de una artimaña de la infinidad que le preparan sus sirvientes. Quienes de verdad lo apoyan, apenas es del 15% donde se hallan los dueños de Chile y los menesterosos que recogen del suelo, las migas de pan al concluir el banquete. Apoyo que es vital, pues se trata de agradar a la gente regia, sin embargo, en la semana el presidente de la SOFOFA, Bernardo Larraín Mate dijo: “Hace mucho tiempo está dándose una crisis de confianza a nivel institucional. No hay ninguna institución de la república (¿Incluye aquí a la SOFOFA?) que no esté viviendo algún tipo de crisis”. Usted, jefe, debe escuchar a su patrón, y dejar de vestir harapos de fracaso, mientras exhibe un funesto raquitismo.

 

¿Hay alguien dispuesto a ser acusado de sedicioso y perturbador de la harmonía, y concurrir a La Moneda a gritarle al jefe: “Renuncie ahora y permita que otro dirija este país”? Miro a mi alrededor y no se divisa a nadie. No están vivos Manuel Rodríguez, Francisco Bilbao, Marmaduque Grove, Fresia, Javiera Carrera, ni su hermano José Miguel, para encararlo. Somos una nación de gallinas cluecas de cogote pelado, acomplejados y asumo con humildad mi condición de tal. Cuando el jefe, y es preciso reconocerlo, da un par de gritos, levanta el índice de la mano izquierda, con la escribe y se limpia…el sudor de la frente, aunque aborrece ese lado, sus ministros tiritan, se les seca la boca y sienten deseo de correr al retrete. Si el jefe hace una mueca, realiza un tic o se compone los puños de la camisa, por si le crecen los brazos, todos enmudecen.

 

Alguien podría hablar de la paz de los cementerios, pero ahí al menos la quietud del silencio, invita a la meditación. Nadie tiene el coraje de advertirle al jefe, que el país desde hace meses, ha entrado en una vorágine sin retorno, donde las protestas, ya sea de profesores, jubilados, estudiantes, mineros y de quienes rumian su desdicha, aumentan a diario. En apariencia, todo parece hallarse bien atado y mejor amarrado, pero los ilusionistas contratados por el jefe, saben cómo engañar una y otra vez al borrego. Ensayan durante las noches, miles de trucos de prestidigitación. Cualquiera entiende, después de este análisis, que los borregos son los aliados predilectos del jefe. Metidos en el redil de la ignorancia, siempre sumisos, desde los inicios de la historia del hombre, se han convertido en quienes definen las elecciones de las autoridades.

 

Este miércoles el Colegio de Profesores de Chile, realizó el cacerolazo de los “patipelados” a través del país. Protesta legítima que devuelve la confianza y demuestra que Chile continúa vivo, pese al esfuerzo de quienes están empeñados en sumirlo en la modorra. Jefe, imaginamos que está enterado del próximo eclipse de sol. ¿Por qué no aprovecha la oportunidad y desaparece, tragado por las sombras del olvido? 

 

 

La economía chilena, piedra angular en el discurso electoral de Sebastián Piñera, da tumbos. Al bajo crecimiento del primer trimestre, que rozó una expansión mínima del uno por ciento, esta vez el golpe lo ha dado el mismo Banco Central: tras bajar la tasa de interés a niveles no observados por estas latitudes desde la crisis global de las hipotecas subprimes, ha emitido un informe con una proyección crepuscular para el año en curso. El escenario local y global está tan enrarecido que promete convertirse en un lastre para el resto del gobierno del conservador Piñera.

 

Desde las primeras horas de esta mañana de 1 de junio Valparaíso está cruzada por vallas anti disturbios, en un  cordón que aisla el Congreso Nacional del resto de la ciudad puerto. Hacia la tarde, un contingente inédito de policías se desplazaba por la zona baja de la ciudad, enfrentándose con algunos manifestantes fuera del perímetro vallado.  Un despliegue nocturno que controla la zona del Congreso, donde el presidente, Sebastián Piñera, dará su segunda Cuenta pública a la nación ante el Congreso Pleno, discurso que está previsto a partir de las 20:30 horas.

 

Si a uno de los dueños de Chile se le ocurriera pagar contribuciones sobre bienes raíces, o bien, actualizar terrenos calificados como agrícolas en urbanos, sería considerado por sus pares como una traición – más benévolamente, como un cándido – pues en Chile los únicos que pagan sus impuestos son los ciudadanos comunes y corrientes.

 

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