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Argentina muere asesinada por sus gobernantes fantasmas

By Rafael Luis Gumucio Rivas (El Viejo) Septiembre 01, 2019 434 1 comentario
Ollas comunes en Argentina Ollas comunes en Argentina

El gobierno de Mauricio Macri ya “pasó agosto” pero, difìcilmente, llegará a diciembre: si sigue vendiendo divisas a un ritmo de 90 millones de dólares diarios, las reservas se agotarían antes de finalizar el mes de septiembre; por otra parte, atrasar el pago de vencimiento de las Letras del Banco Central  a las personas jurídicas – y no así a los humanos – tendría como efecto inmediato el que los empresarios no puedan pagar los sueldos de sus empleados, pues el dinero correspondiente a las Letras y Bonos era una forma de invertir en capital, a fin de que no permaneciera el lucro ocioso.

 

Mecanismos como el alza de tasas de interés, que llegó al 83%, y la venta de dólares de las reservas no han podido evitar que la paridad dólar-peso siga subiendo. En el caso argentino, en que la calificación de Bonos haya llegado a letra D, (de default), y de DS default selectivo, en dólares, no prueba a más que Argentina está en default “camuflado” escondido, como lo llamó el candidato Alberto Fernández, en el Diario más importante de Nueva York, el Wall Street Journal, que es un verdadero gurú de los inversionistas.

 

Argentina tiene el record de cesasión  de pagos en la historia de las transiciones latinoamericanas. Quienes comparan la crisis actual con el fin del gobierno de Raúl Alfonsín, y el Corralito de Fernando de La Rúa no se equivocan del todo, y aunque la historia no se repite hay ciclos susceptibles de comparación.

 

Según los magos “llamados economistas”, a Macri le restan medidas por tomar, salvo el que recurra como última instancia al cepo cambiario, es decir, la prohibición de salida de dólares, tan criticada por la derecha de ese país cuando la aplicó el gobierno de Cristina Fernández. Según el candidato Alberto Fernández, el cepo es como colocar una piedra en una puerta giratoria, agregando que él no estaría de acuerdo con su aplicación, salvo circunstancias extraordinarias.

 

Para evitar subirse al helicóptero Mauricio Macri se ha convertido en “tejedor de palabras”, que engañan a la gente, pero que podrían evitar – como a De La Rúa – que lo expulse una insurrección ciudadana: a la simple cesación de pagos, por ejemplo, la denomina default técnico; si aplicara el cepo, seguramente lo llamaría “control de cambio”. Ya lo estaría haciendo al exigir a las empresas que den a conocer al Banco Central la cantidad de dólares de ganancia, ya enviados al exterior. Hasta ahora, Macri se ha negado a exigir al agro que cambie de inmediato  sus ganancias en dólares.

 

Dejemos de lado las cifras, los pronósticos de los economistas, (que en Argentina los hay muy buenos en análisis diagnósticos, pero malos en la aplicación de medicinas), y centrémonos en aquellos ciudadanos que salen más dañados con los estúpidos juegos de los distintos ministros de economía, es decir, los indigentes, los pobres, los ancianos y los niños.

 

Según el INDEC, en el año 2018 hubo 14 millones de pobres, lo que equivale a un 33 % de la población argentina. Durante el período del gobierno de Mauricio Macri,  en 2016 había 30,3% de pobres; en 2017, bajó a 25,7%; en 2018, subió a 32%; (hoy debe estar cercano al 50%). También ha aumentado la indigencia, que equivale a buscar la comida en los vertederos de basura.

 

En las villas-miseria un alto porcentaje de niños se acuestan sin haber comido más de una vez al día, cuando tienen la suerte de que alguno de sus hermanos mayores haya podido rescatar alimentos de los basurales. (La parábola del “camello y la aguja…” debería ser tomada literalmente, y ningún rico entrará al reino de los cielos < si es que existe>).

 

Si hay un cristianismo que tiene valor es el que surge desde las villas-miseria, en donde la solidaridad y el amor fraterno se practican cotidianamente, por ejemplo, en los comedores populares solidarios, luego de esperar debido a las colas, reciben alimentos calientes. Ya no sólo los niños, sino que también sus padres y los ancianos están optando por los comedores populares.

 

En alguno de los Diarios argentinos se publicó la historia de un anciano asesinado por irascibles ciudadanos por el hecho de robar comida en un supermercado.

 

A Mauricio Macri y a la diputada Elisa Carrió poco les importa el destino de los pobres inmigrantes y cabecitas negras que, a diario, mueren en Argentina, y se han negado, hasta ahora, a escuchar el clamor ciudadano que pide a gritos una emergencia alimentaria, no sólo para satisfacer el hambre de los argentinos necesitados, sino también para  los inmigrantes.

 

Los más viejos tienen que elegir entre comprar medicamentes o comer, y los padres deben privilegiar a sus hijos, muchas veces cediendo su ración a los suyos.

 

Argentina muere asesinada por su fantasma de gobernantes, culpables del más grande genocidio social en América Latina. Macri debiera ser acusado por crímenes de lesa humanidad ante los tribunales internacionales.

 

Rafael Gumucio Rivas, (El Viejo)

02/09/2019    

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