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‘Refugiados’…el nuevo problema. ¿Entren sin golpear?

Protesta de ciudadanos venezolanos frente a La Moneda Protesta de ciudadanos venezolanos frente a La Moneda

“Que o la tumba será de los libres… o el asilo contra la opresión”. Estrofa singularmente potente de nuestro himno patrio señalando cuán acogedora es nuestra tierra con los perseguidos y empobrecidos del mundo.

 

Que el nuestro es un país constituido como tal a punta de inmigrantes es un hecho irrefutable. Hubo quienes llegaron en calidad de invasores y conquistadores, otros lo hicieron de manera distinta, como la llamada “aristocracia castellano-vasca”. También cientos fueron invitados y escogidos por el propio gobierno chileno; Vicente Pérez Rosales en el siglo diecinueve trajo desde Alemania a los colonos que construyeron su hogar en nuestro sur.

 

Años después se produjo el arribo de centenares de ciudadanos palestinos y sirios huyendo de la tiranía turca en medio oriente. Imposible olvidar a los croatas que trajeron sus artes y técnicas a Punta Arenas y a Antofagasta. La comunidad judía aportó lo suyo, que no ha sido poco, y en algunas áreas de la economía y la ciencia ha sido notabilísimos.

 

¿Y el Winnipeg? Por instrucciones del gobierno de Aguirre Cerda, nuestro gran vate –Neruda-  embarcó el año 1939 a dos mil doscientos españoles republicanos salvándoles el pellejo que era reclamado por las tropas franquistas en plena guerra civil.

 

Hace pocos años, aparecieron nuestros amigos coreanos disputándoles el comercio a los árabes y sus descendientes. Los chinos ya habían puesto pies en nuestro país muchas décadas atrás, particularmente en el norte grande, desde donde extendieron sus artes y gastronomía hacia el sur.

 

Digamos, sin error alguno, que, sumando y restando,  todas esas inmigraciones resultaron útiles y beneficiosas para Chile. Guerras, persecuciones y hambrunas habían sido los elementos principales que gatillaron la llegada de miles de extranjeros. Con ellos, “el asilo contra la opresión”  cobró forma y vida, pero actualmente parece estar algo deslavado por los últimos acontecimientos.

 

No bien se inició la primera década de este siglo veintiuno, comenzó una especie de hégira desde los países vecinos, principalmente desde Perú, trayendo a Chile más de cien mil personas en busca de mejores ingresos y niveles de vida, incluyendo en ese número a bolivianos, ecuatorianos y argentinos. Casi coetáneamente, miles de colombianos –argumentando que huían del narcotráfico y de la guerrilla- se establecieron en esta tierra, principalmente en el norte grande (Antofagasta), portando en su núcleo a un grupo minoritario de delincuentes comunes que pensaron hacer un buen ‘negocio’ en nuestro país.

 

Por otra parte, cuando los gobiernos de la entonces Concertación decidieron sumarse a las fuerzas de paz de Naciones Unidas enviando a Haití a cientos de uniformados pertenecientes al ejército y a la fuerza aérea, esa estadía de nuestros soldados en el territorio haitiano abrió el apetito de muchos habitantes de aquella isla por viajar, atraídos (y engatusados), por un supuesto híper desarrollo chileno. Lo que en un primer momento pudo haber sido una simple migración por motivos económicos,  se fue transformando rápidamente en una especie de “invasión” sustentada en el negociado llevado a efecto por algunos inmorales, quienes actuaban en descampado aprovechando la antigua e ineficiente política migratoria de  nuestro país.

 

El “problema haitiano” se le endilgó al gobierno de Michelle Bachelet, el que poco y nada hizo en cuanto a delinear una política migratoria moderna que pusiese atajo efectivo al ingreso masivo y desprolijo de cientos de extranjeros que llegaban al país sólo con esperanzas e ilusiones, pero carentes de contratos laborales o de dinero para enfrentar un período de búsqueda y aclimatación. Fue rutinario ver a decenas de haitianos convertidos en vendedores callejeros de confites, a la vez que poblaban los ya saturados servicios de salud en procura de atención médica, y junto a muchos peruanos y colombianos se hacinaban en cités y conventillos en precarias condiciones.

 

El gobierno de Sebastián Piñera intentó acotar el problema comenzando con las invitaciones a abandonar el país. Cientos de haitianos regresaron a su patria, mientras decenas de delincuentes comunes –colombianos y bolivianos en su gran mayoría- eran también deportados fuera de Chile.

 

Hasta que un nuevo grueso error fue cometido por la gente de la Moneda. El  primer mandatario quiso convertirse en un líder continental encabezando torpe e inmoralmente una acción internacional contra el gobierno de Venezuela. Para el gobierno de don Sebastián la inmigración se reduciría a un asunto ideológico más que económico o de real opresión en el país de origen de los migrantes. En un abrir y cerrar de ojos los venezolanos contaron con plenas garantías, y facilidades extremas, para avecindarse en Chile sin trámites ni exigencias mayores.

 

Comenzaron entonces a llegar por oleadas y ya instalados en nuestro territorio creyeron ser “gente especial” amparada por los partidos derechistas, pues iniciaron ataques verbales y mediáticos contra políticos locales, interviniendo de lleno y con desparpajo en los asuntos internos del país, a la vez que reclamaban mejores salarios y condiciones de trabajo, llegando al extremo de haber realizado una marcha-protesta en pleno centro capitalino -con motoristas incluidos-, la cual ni siquiera fue contenida por la policía chilena en un claro indicio que para la Moneda esos inmigrantes sí eran especialmente queribles.

 

Perú ha cambiado su política migratoria y puso duras trabas para el ingreso, lo que motiva a muchos venezolanos dirigirse a Chile, donde el ingreso mismo era, hasta hace pocas semanas, fácil y expedito, alentados además por las declaraciones y acciones del presidente Sebastián Piñera que había insistido en otorgar a esos migrantes un trato especial de ‘refugiados’. 

 

El asunto ha pasado de castaño a oscuro y parece haberse escapado de las manos del gobierno, pues el número de venezolanos residentes en el país alcanza ya los 290.000, y como si ello no fuese suficiente hay centenares de sus compatriotas  esperando ingresar a Chile en la frontera con Perú (450 en Chacalluta) y en la frontera con Bolivia (250 en Pisiga Bolívar y en Colchane).

 

No sólo los números alarman a los moradores de la Moneda, sino también el comportamiento de algunos venezolanos que han hecho reaccionar duramente a una parte de la sociedad chilena. En un brusco cambio, nuestro gobierno estableció la exigencia de una visa consular para aquellos ciudadanos venezolanos que quieran ingresar como turistas al país, cuestión que ha impedido el ingreso de esas personas y que, ya nada extraña respecto de ellas, realizaron una protesta en plena frontera –cortando la ruta internacional entre Perú y Chile- exigiendo al gobierno destrabar las condiciones de ingreso y permitirles el paso sin más consideraciones. Incluso, un venezolano llamado Juan Guaidó, miembro de la Asamblea Nacional de Venezuela, le solicitó al presidente chileno “abrir las fronteras a los venezolanos”.

 

Perú no los acepta de regreso, y la sociedad civil de ese país asegura que los venezolanos conforman un pueblo violento, lo cual no es de extrañar ya que ellos pueblan las cinco ciudades más peligrosas del mundo. En Perú, desde que ingresaron el año 2016, acumulan 5.700 denuncias en tres años. Ello significa 160 denuncias por mes, o mejor aún, cinco denuncias diarias. El gobierno peruano optó por cerrarles el paso.

 

Un venezolano (@jesusrsanchezl) opina en tuiter: “Como venezolano, yo sí considero al gobierno de Chile amigo mío y de mi familia. Las opciones para venir a Chile LEGAL están disponibles desde hace más de un año. El que ignoró esa opción sabía a lo que se exponía. Por suerte siguen quedando opciones en Latinoamérica>>

 

Tal vez es duro decirlo, pero Chile no posee las condiciones necesarias para recibir una fuerte migración hoy día. Ni siquiera tiene una política migratoria moderna, ni los medios para el asistencialismo que ella requiere. Piñera fue a Cúcuta (Colombia) supuestamente para entregar ayuda humanitaria para Venezuela y terminó agitando barricadas con bombas molotov. Con ello, la Moneda destapó un caldero que se vierte sobre Chile, y ahora no sabe cómo diablos cerrarlo.

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1 comentario

  • El Llanero Solteron
    Enlace al Comentario El Llanero Solteron Lunes, 24 Junio 2019 17:20

    ¿Que oaso con la masacre llamada "La pacificacion de la Araucania" y el robo de sus tierras entregadas gratis a alemanes, italianos y otras nacionalidades?
    Pos, como dicen los mexicanos, no manches guey

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