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La Democracia Cristiana: cada vez que se acuesta con la derecha termina pringada

By Rafael Luis Gumucio Rivas (El Viejo) Junio 04, 2019 840 1 comentario

No hay caso: ni siquiera con todas las ventajas posibles la Democracia Cristiana es capaz de pactar con la derecha  o con la izquierda, y su único camino para dejarla contenta es la soledad y el aislamiento del camino propio.

 

 

Cuando pacta con la izquierda, cual dama coqueta, manifiesta su descontento, pues este marido, a pesar de los múltiples regalos y concesiones,  no le permite mandar a su gusto. Cuando  fue   dueña del ministerio del Interior y la jefatura de la totalidad de las empresas públicas gracias a la generosidad de la alianza de los partidos políticos de izquierda, los democratacristianos estaban descontentos y sostenían que no habían leído el contrato matrimonial del programa de gobierno y que no podían enriquecer a sus militantes con los buenos sueldos de las empresas públicas.

 

Los “príncipes y los guatones”, descontentos con este matrimonio plebeyo, amenazaban con pactar con la derecha; por el momento, sabiendo que ir a la oposición significaba mantenerse a dieta de pan y agua, había que conformarse con el que – según ellos – era un mal matrimonio, pero criticando y ronroneando permanentemente, así fueran dueños de la mayor parte de los puestos del gobierno.

 

Un buen día, a los democratacristianos se les presentó la oportunidad de ser consecuentes con su identidad y proclamaron una candidata propia, (según ellos, se liberaban de los maltratos de la izquierda y les daba espacio para coquetear con la derecha sin necesidad de ir al lecho).

 

La Candidata, Carolina Goic, logró la ridícula votación de un 5%, y muchos de sus señores feudales perdieron sus dietas. La coqueta Democracia Cristiana soñaba con tálamo dorado que le había construido la izquierda, y a pesar de que sus dirigentes habían reducido el Partido a su mínima expresión, se negaba a morir.

 

La derecha, a causa de la traición de los democratacristianos, logró un triunfo espectacular, pero a pesar de contar con mayoría en el Parlamento, la oposición demostró ser incapaz de criticar y fiscalizar al gobierno de la derecha.

 

Los democratacristianos estaban felices de haber roto la alianza con los comunistas que, según ellos, eran los culpables de la mala vida que tenían actualmente, y a la Democracia Cristiana sólo que quedaba aliarse con el Partido Radical.

 

La Democracia Cristiana estaba consciente de que en su posición de centro tenía el poder de inclinar la balanza en favor del gobierno. Por lo demás, no era una mala idea, pues de los poderosos se podría recibir algunas prebendas, y podían decirse opositores sin necesidad de ser acusados de derechistas  y cómplices del mal gobierno de Sebastián  Piñera.

 

El proyecto de reforma del Sistema de Pensiones es el más importante y sentido por la ciudadanía, pues afecta directamente en la vida diaria: es sabido que la mayoría de los ciudadanos rechaza las AFPs, sin embargo, El Presidente Piñera pretende favorecer a las administradoras del ahorro forzoso que, esta vez, no sólo se quedaría con el 10% obligatorio de los cotizantes, sino que aumentaría al 14%, es decir, las AFPs estarían encargadas de administrar el 4% del aporte empresarial.

 

Los democratacristianos, que siempre se han caracterizado por siúticos y arribistas, cada vez que pactan con la derecha están dispuestos a hacerle concesiones que jamás lo harían con la izquierda. En 1973, cuando tenían la sartén por el mango, permitieron que la ultraderecha hegemonizara la oposición al gobierno de Salvador Allende e impusiera el golpismo. A poco andar, los democratacristianos de derecha fueron expulsados del gobierno militar y sus dirigentes progresistas exiliados, mientras que otros traidores siguieron apoyando a la Junta Militar, por ejemplo, William Thayer y Juan de Dios Carmona.

 

Los democratacristianos nunca se enmiendan: contradiciendo a su líder y profeta, Radomiro Tomic, terminan aliándose con  la derecha, sabiendo que esta es la que gana, y aunque los derechistas se rían de ellos y los usen como compañeros de ruta, es tan fuerte su pasión arribista que una y mil veces tropiezan y caen en el mismo hoyo.

 

Antes del discurso del 1º de junio último, la derecha de la Democracia Cristiana había pactado con el gobierno el apoyo de la idea de legislar sobre el proyecto de reforma al Sistema de Pensiones, con la condición de que el 4% de las cotizaciones empresariales no fuera administrado por las AFPs. Los democratacristianos estaban convencidos de que “los caballeros de Chile” eran capaces de honrar su palabra.

 

El carácter alocado y mete pata del Presidente siempre le juega una mala pasada y, abandonando  la diplomacia requerida en un buen mandatario, termina por expresar lo que verdaderamente piensa. En el caso del proyecto de Reforma de las Pensiones, como es un fanático individualista, sostiene que el dinero ahorrado pertenece a las personas, por tanto, ninguna institución comunitaria puede administrarla. Para Piñera – al igual que para el Presidente Reagan – la sociedad no existe, y el mundo sólo está compuesto de individuos.

 

Los democratacristianos por enésima  vez se dieron cuenta de que los derechistas hacían y deshacían con ellos, engañándolos para atraerlos a su red y, una vez, violados, dejarlos en la vera. Los derechistas, hoy conscientes de la metida de pata de su jefe, tratan de recular con mil excusas, pero ya nadie les cree.

 

Rafael Luis Gumucio Rivas (El Viejo)

04/06/2019            

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