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Si solo fuera la asignatura de Historia….

By Ricardo Candia Cares Mayo 29, 2019 295 0

Innumerables, variadas y autorizadas voces se han alzado ante el anuncio de eliminar del currículo la asignatura de Educación Física e Historia. La mayor alarma ha provenido de la amenaza que se cierne sobre este último ramo.

 

Historiadores, académicos, profesores y políticos han advertido que vamos a quedar sin memoria y sin capacidad de crítica. Se ha insistido que la Historia es una herramienta que nos permite construir identidad la que a su vez construye personas políticas, y que el conocimiento de la historia permite no reincidir en errores y que formaría ciudadanos críticos e informados.

 

¿Pero la asignatura en peligro, ha cumplido ese rol en el contexto de una educación irremediablemente pauperizada y en estado terminal?

 

La demolición de la Educación Pública no comienza con la ofensiva ultraderechista para formar buenos dadores de PSU´s y pruebas SIMCE y favorecer la irrupción de escuelas privadas que lucran con la educación.

 

De hecho, no es la primera vez que se intenta reducir el currículo para dar más espacios a materias que colaboran con formar trabajadores aptos para la explotación.

 

La dictadura, a poco andar, supo que necesitaba un sistema educacional que cumpliera con el rol de toda educación: reproducir la cultura hegemónica.

 

Pero las modificaciones curriculares no han sido la única manera de llevar a la educación pública al estado terminal en la que se encuentra: las políticas en aplicación son la continuación histórica e ideológica de los fundamentos instalados por la Dictadura.

 

Mueve a risa el cinismo de algunos conspicuos personeros de la exConcertación cuando critican la medida propuesta por la ultraderechista ministra Marcela Cubillos.

 

Las propuestas de jibarizar los contenidos curriculares en desmedro de asignaturas de  formación general a favor de las que miden los instrumentos neoliberales, fue asumido con entusiasmo por la Concertación y luego por la Nueva Mayoría.

 

Como lo atestiguan los profesores y los estudiantes, los gobiernos de Bachelet se caracterizaron por un retroceso en materia de democratizar los procesos de enseñanza y aprendizaje, acentuando la educación como otro modelo de negocios.

 

El pretendido fin al lucro no fue más que una operación para encubrir las  numerosas maneras subrepticias de que disponen los empresarios para seguir haciéndose millonarios a costa de la mala educación de niños y jóvenes.

 

Para decir las cosas como son, las propuestas de cambios curriculares van a contar con el apoyo decidido de sectores de la ex Nueva Mayoría. Una cosa es que para la galería y las cámaras hagan saber su furibundo rechazo a esas medidas  y otra, como se ha visto hasta la náusea, es el entusiasmo con que se alinean para apoyar las leyes de Piñera.

 

Lo que implementa el gobierno de Sebastián Piñera no desentona con lo que hizo la Nueva Mayoría, incluso en materia de represión, ninguneo y desprecio a los estudiantes.

 

Es cosa de recordar a la odiosa Alcaldesa Tohá y la manera enfermizamente facha con que azuzaba las tropas de las Fuerzas Especiales en contra de los muchachos y sus amenazas de querellas y expulsiones.

 

Hay un vecindad ideológica firme y coherente entre las políticas implementadas por los gobiernos dizque progresistas y las que ha diseñado la ultraderecha.

 

Las diferencias son matices sin mucho peso.

 

Ha habido una línea continua entre una y otra idea de educación pública, la que coincide en  su jibarización extrema, a niveles terminales. La modificación curricular propuesta hoy es coherente, por ejemplo, con lo que quiso implementar Bachelet cuando intentó  eliminar el ramo de Filosofa: los descargos y razones fueron similares.

 

La arremetida ultraderechista en educación, cuya ministra es una hija de un canciller de Pinochet, tomada por un organismo en el que descuella el abogado de Pinochet, busca reforzar la idea educacional fundacional de Pinochet.

 

Con todo, la asignatura de Historia, de Filosofía o cualquiera otra no ha aportado mucho a generar sujetos críticos e informados.

 

Que el ramo de Historia sea subsumido en otras asignaturas no va a dejar en la indefensión histórica a una población que ha sido moldeada para ser un buen sujeto de crédito y un disciplinado trabajador que no quiere sindicatos ni huelgas.

 

Si creemos que una asignatura nos pondrá a salvo del fascismo: o subestimamos al fascismo o sobrestimamos el poder cuatro horas de clases semanales.

 

El drama no es esa asignatura. El drama es todo.

 

 

Por Ricardo Candia Cares

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