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El capitalismo ha entrado en una fase de descomposición que hace imposible, si quiere mantener la tasa de ganancia, garantizar la reproducción de la vida en condiciones dignas.

 

La crítica y la audiencia ha comparado a Years and Years, la nueva serie de HBO, escrita y dirigida por Russell T. Davis, con Black Mirror. Ambas son británicas, por lo menos las primeras temporadas de Black Mirror, y proyectan un futuro  inmediato marcado por las nuevas tecnologías. Si los episodios de Black Mirror nos dejaban un poco perplejos en cuanto a su amoralidad y oleadas de perversidad institucional, Years and Years va aún más lejos. Es la maldad cotidiana extendida en todos nuestros actos la que ha modelado el presente y hace y hará lo mismo con el futuro. La miniserie de solo seis capítulos, que en principio no se extenderían hacia otra temporada, se desarrolla en un futuro inmediato conformado con los mismos insumos, productos y desechos de nuestro presente. Es un poco más de nuestra enfermedad y nuestra medicina. Es capitalismo en estado puro con todo su peso sobre nuestros cuerpos, deseos y pensamientos. Es el neoliberalismo desatado y amplificado hasta los límites de la Inteligencia Artificial y la miseria de la condición humana. Somos, entonces, como ahora, bajo el peso de los poderes y la codicia de otros.

 

Esta es la historia de la familia Lyons, de Manchester, parece, que gira en torno a Muriel, la matriarca, la abuela, Gran, que madura en la serie hasta más de los 90. Muriel, bajo la actriz Anne Reid, es el espacio gravitacional figurado con su casa de campo y lugar de encuentro permanente para sus cuatro nietos sobrevivientes, ellos sí, de los tsunamis de los mercados y las tecnologías y la desesperación social y humana. Es posible que pensemos a Muriel como el último vestigio del poderío y la cultura británica, de algún orden y estabilidad en medio del caos, pero sería esta una mirada un poco simple y sesgada. Muriel, que es una baby boomer de mediados del siglo XX, añora no aquellos privilegios imperiales sino una sociedad y cultura, si es que alguna vez la hubo, que consideró al humano y sus derechos como fundamento. Desde ella podemos oír el relato histórico que va desde las profundidades del siglo XX hasta las primeras décadas del XXI. Bajo su voz se describe la tragedia.

 

En Years and Years nada nos parece extraño. Por eso es tremendamente inquietante, porque todo es real y es también futuro. Es el presente extendido y amplificado, con todas sus distorsiones y perversidades. Nadie puede estar seguro en este mundo, nadie logra planificar ni proyectar. Han definido a la miniserie como otra distopía, pero tal vez el mundo de hoy es también la distopía de la modernidad. Los corralitos bancarios, los despidos masivos, los precios impagables de los servicios privatizados, el fin de la seguridad social, la mentira y los payasos en la política. ¿A qué se parece todo esto? ¿Nos resulta familiar?

 

 

No hacen falta ni Huxley ni Orwell para relatar las distopías, las pesadillas sociales. Ya las tuvimos durante el siglo pasado y están nuevamente en marcha. Por el momento, tenemos países amurallados para evitar el ingreso de los otros, de los pobres, naufragios diarios en el Mediterráneo, pistoleros enloquecidos, marchas del odio, extinciones masivas, cambio climático, alienación masiva con las nuevas tecnologías y toneladas de invenciones y mentiras. ¿Qué más podemos esperar? Ahí está la serie para recordarnos que esto no solo es posible, sino que es el futuro más probable.

 

Emma Thompson como Vivianne Rook

 

 

Son años post Brexit para una Gran Bretaña gobernada por Vivianne Rook (Emma Thompson), una populista en la línea de Trump que  deriva al fascismo, también presente e instalado en no pocos países europeos. Pero nada de esto requiere de gran imaginación, como tampoco las redes de 5G o 6G con empresas imbricadas con políticos que ejercen el control de nuestras cada vez más exprimidas vidas. Y tampoco necesita de gran creación imaginar el regreso del armamento nuclear con un Trump cada día más delirante y la persecución, detención y reclusión de los migrantes. Un mundo que es simplemente la continuación de los que ya tenemos. Y es esto lo inquietante y terrible de Years and Years.

 

Hay personajes magistrales. No sólo la primera ministra interpretada por Emma Thompson, inspirada casi sin duda en Christine Lagarde, la directora del FMI, sino también Stephen y Edith Lyons. Stephen, el hermano mayor interpretado por el actor británico shakesperiano  Rory Kinnear, que conocimos en el primer episodio de Black Mirror (The National Anthem), es un personaje que todavía tiene ciertos vestigios del mundo del siglo XX y se nos desgarra en el umbral de los siglos hasta su aniquilación social, laboral y moral. Edith (Jessica Hynes) es una millennial que en apariencia jamás tuvo sus pies y su fe ni en el siglo pasado ni en el actual.  Está allí para derribarlo todo. O lo que todavía queda en pie.

 
 

En este mundo hay víctimas y victimarios. Pero finalmente todos somos, en mayor o menor medida, los culpables del desastre que viene. Somos responsable hoy de este espantoso mañana. ¿Quien reclamó cuando reemplazaron nuestros trabajos por máquinas? ¿Quién dejó de consumir porquerías hechas en China? ¿Quién dejó de contaminar? Quién se bajó del auto para reducir las emisiones de carbono?  ¿Quién gritó para defender a los refugiados? ¿Quién se levantó para denunciar el fascismo? les pregunta en una de las escenas finales la abuela Muriel a sus nietos.

 

No lo hicimos a tiempo. Y ya es tarde.

 

PAUL WALDER

 

El derrumbe del peso argentino sigue viento en popa: ayer, 14 de agosto, cotizó a $63 por dólar y el riesgo país llegó a cerca de 2.000 puntos básicos. Las medidas que promete Mauricio Macri son, apenas, un paliativo que se licuará por la inflación en menos de un mes; nadie cree que el diálogo entre Alberto Fernández y Mauricio Macri pueda detener la crisis cambiaria argentina.

 

El primer significado de las previas argentinas, con enorme derrota de Mauricio Macri, es el del fracaso del primer intento de restauración neoliberal. Después de más de una década de gobiernos antineoliberales, la derecha logró una primera victoria, después de mucho tiempo. Se dio en Argentina, con el triunfo de Mauricio Macri, con un programa típicamente neoliberal.

 

La guerra comercial entre China y Estados Unidos ha desbordado el terreno monetario y las perspectivas desfavorables para la economía mundial se han intensificado. Donald Trump anunció un nuevo arancel sobre importaciones chinas y una semana después Pekín dejó caer su moneda hasta el nivel simbólico de siete renminbi por dólar y se ha convertido (para Washington) en manipulador de su divisa. China también anunció que dejará de importar productos agrícolas de Estados Unidos, medida que afecta directamente a las bases de Trump.

 

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