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A Atilio Borón ya casi no hace falta presentarlo. Es en la actualidad uno de los intelectuales de izquierda sudamericanos más activos, prolíficos y comprometidos con los procesos de cambio. Argentino, doctor en Ciencia Política por la Universidad de Harvard, profesor de la Universidad de Buenos Aires, secretario ejecutivo de Clacso por casi una década, autor de decenas de libros y artículos. Hoy, en medio de la confusión y opacidad que rodea a la política latinoamericana, su reflexión y voz es más necesaria que nunca, como guía para una izquierda errática y veleidosa, como base teórica y como ariete contra el pensamiento neoliberal, hoy, lamentablemente, dominante.

 

En el contexto del XII Foro Atlántico organizado por la Fundación Internacional para la Libertad, Casa de América, espacio público dependiente del Ministerio de Asuntos Exteriores, la Comunidad de Madrid y el ayuntamiento de la capital, ceden sus instalaciones para el acto. Tres instituciones cuya labor sería velar por una programación, si no aséptica, al menos neutral, rompen las reglas del decoro diplomático. Saltándose el protocolo, las buenas maneras y las formas, Casa de América se transformó en un gallinero donde primaron los insultos y las descalificaciones hacia el gobierno legítimo de la República Bolivariana de Venezuela. Uno de los gallos, desplegando su ya vetusto plumaje, Felipe González, se refirió a la Asamblea Constituyente, avalada por el voto de 8,089,320 ciudadanos venezolanos, como La asamblea nacional prostituyente de Maduro. Mientras, el otro gallo que se disputaba el palo mayor del gallinero, Mario Vargas Llosa, cacareaba con brío: si todos los dirigentes socialistas tuviesen la lucidez de Felipe González y hubiesen actuado de una manera clara, inequívoca, solidarizándose con los opositores venezolanos, otra sería la situación hoy en día. El tercero en discordia y presentador, el showman, Bertín Osborne, gallo en corral ajeno, sólo pudo cacarear: esto es un sin vivir los momentos de euforia y felicidad en los cuales parece que el régimen de Maduro va a caer, nunca acaban de concretarse, ante tal desazón, Felipe González lo miro sonriendo y busco tranquilizarle desvelando una conversación con el autoproclamado Juan Guaidó: “le he pedido –refiriéndose a Guaidó– no vuelvas a señalar el día D y la hora H, porque esto es un proceso. Eso de anunciar el día D como la fecha en la cual caerá Maduro solo genera frustración”. Los asistentes aplaudieron entregados a los plumíferos bípedos y Bertín entro en shock. Ya no articuló frase, cuando le tocó clausurar el acto, cantó: me ha gustado mucho moderar esto.