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La guerra comercial, los rezos de Felipe Larraín y otra vez la doctrina del shock Destacado

Cuando el ministro de Hacienda, Felipe Larraín, llamó a unas monjas a rezar por la economía y el fin de la guerra comercial durante una visita a un hogar de ancianos, las burlas arreciaron por las redes sociales. Pero no es broma. Ni la economía ni las invocaciones divinas de Larraín. La guerra comercial escaló este lunes con la devaluación del yuan ante el dólar y el conflicto avanza hacia una guerra de divisas. El lunes los mercados se derrumbaron junto con los commodities, entre ellos el cobre, tomaron un respiro ayer y hoy  otra vez se han desplomado.

 

Larraín, que tiene un doctorado en economía de Harvard, sabe muy bien lo que dice. El llamado a las buenas monjas a rezar, aunque tenga una dosis de humor y parezca un chiste, no es broma. La guerra comercial entre China y Estados Unidos, que es muy humana, escapa a sus posibilidades y arrastra a la economía chilena hacia desconocidos escenarios. Lo que ha comenzado con una caída de las exportaciones ha seguido con devaluaciones del peso, anuncios de alzas tarifarias, caídas en la producción y las ventas y alza de la desocupación. Una cadena de efectos que, en los números grandes, mantienen a la economía nacional con una expansión que tal vez no supere este año el dos por ciento. El lunes el Banco Central publicó que en el primer semestre el producto había marcado un escaso 1,7 por ciento.

 

El impacto de esta nueva escena, sin duda la más compleja desde la crisis de las hipotecas subprimes del 2008, es también incierta. La guerra comercial ha comenzado a extenderse y se despliega en un espacio económico mundial que todos los economistas consideran confuso y debilitado. El conflicto entre Estados Unidos y China llevará a una recesión planetaria han pronosticado economistas y organismos financieros internacionales.

 

 

Felipe Larraín llama a rezar por el escenario externo. Bien sabe que los chilenos no pueden hacer nada para influir excepto refugiarnos un poco para pasar la tormenta, huracán o chaparrón si tenemos suerte. Pero hay quienes, como él mismo, que saben otras cosas. Que estos son los mejores momentos para atemorizar a la población y aplicar cambios de urgencia. Las políticas del shock, como las ha llamado Naomi Klein se hacen sobre la base del temor, de la confusión generalizada.

 

El mismo Larraín que llamó a rezar estuvo el lunes en el Congreso para empujar su  reforma tributaria, aquella que desmantela los cambios realizados durante el gobierno de Michelle Bachelet y devuelve la condición de integración al sistema tributario. De esta manera los directores de grandes empresas, accionistas y millonarios al final del día, y tal como lo han hecho siempre en Chile, no pagarán impuestos.

 

No les dijo a los diputados que recen, pero sí que ante el vendaval pronosticado, es necesario aprobar cuanto antes esta contrarreforma. Ante el temor económico externo, que comienza a ser comentario no solo de pasillos parlamentarios sino de oficinas, talleres y hasta el el metro, otra vez la doctrina del shock. Para Larraín y sus socios en los directorios, la Sofofa y la CPC, un río revuelto para sentarse a pescar.

 

PAUL WALDER

Texto publicado en POLITIKA

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