Chile: Si el 2019 ha sido intenso, esto es lo que viene el 2020 Destacado

La moderna teoría de la revolución (es decir, aquella elaborada por cientistas políticos contemporáneos y durante la segunda mitad del siglo XX), señala que las revoluciones políticas son catastróficos eventos sociales, que muy rara vez se producen en sociedades modernas y altamente desarrolladas. Para que una revolución, o sea un cambio social gigantesco y violento tenga éxito, se requieren dos tipos de causas o variables principales. Estos factores o causas de la revolución exitosa, son llamados las condiciones objetivas y las condiciones subjetivas de la revolución.

 

Para los teóricos de la revolución, las condiciones objetivas son las más importantes y fundamentales. Inicialmente se requiere que se dé un largo proceso de desarrollo económico y que este sea sólido y acelerado por al menos tres décadas. En otras palabras, un crecimiento económico sostenido de al menos un 5% por año y esto por al menos 30 años. Durante este largo periodo de bonanza económica o también llamado el periodo de “las vacas gordas”, la sociedad afectada toma conciencia de que un mundo mejor es posible. Por lo tanto, la gran mayoría de la población, con entusiasmo, contribuye al proceso productivo y a la creación de nueva riqueza. Esta riqueza se distribuye en forma más o menos equitativa y así se crea la esperanza de un mundo mejor.

 

No obstante, de improviso y repentinamente, se desata una brutal y gravísima crisis económica (cisne negro). En esta recesión primero, y luego depresión económica, el producto interno bruto anual se desploma. Así, todas las buenas condiciones económicas gozadas por la gran mayoría de la población empiezan, fatalmente a desaparecer. El trabajo bien remunerado es reemplazado por un minúsculo ingreso mensual que no permite cubrir ni siquiera  las necesidades básicas de la población. El deterioro económico llega a un extremo patético e insostenible y, de esta manera, la inmensa mayoría de la población ya no tiene nada más que perder, esto es, el llamado periodo de las “vacas flacas”. Cuando la mayoría de la población afectada entiende que la economía nacional está en ruinas y ya no hay nada más que perder, entonces se producen las condiciones objetivas de la revolución. El miedo es reemplazado por una rabia mal contenida y profunda, y así una gran mayoría de la población, está dispuesta a hacer los más grandes sacrificios personales para por fin romper las cadenas de la esclavitud moderna y de la pobreza extrema que la oprime.

 

Es de esta forma como el requisito previo de décadas de progreso constante es catastróficamente seguido por una repentina, brutal y violenta crisis económica. Estos son así los elementos o causas básicas para que, eventualmente, se produzca un exitoso proceso revolucionario.

 

No obstante todo lo anterior, también tienen que darse las llamadas “condiciones subjetivas de la revolución”. Entre estas condiciones se pueden mencionar las siguientes: la elite gobernante debe cometer errores politológicos aberrantes y estúpidos. Como por ejemplo, fuerte represión popular. Con esta conducta, las fuerzas del orden pierden autoridad y auto control y masacran criminalmente a pacíficas manifestaciones populares con crueldad y brutalidad intensa.

 

 

Ante esta salvaje represión, muchos miembros de la elite intelectual (profesores, artistas, estudiantes, profesores universitarios, clero, profesionales de la comunicación masiva) se solidarizan con el movimiento antigubernamental y revolucionario. El malestar social aumenta cuando la elite económica gobernante demuestra que no es capaz de sacar al país de la gravísima crisis económica en que ésta ha caído. Todas las medidas que la elite toma, no dan solución a los problemas y la crisis continúa su terrible marcha hacia el abismo. (La literatura ilustra este factor subjetivo como lo que sucedió en Argentina con el llamado “corralito bancario” que fue una medida económica que tomaron las autoridades argentinas hace algunas de décadas atrás). El pueblo oprimido y aplastado brutalmente, en desesperación final, consigue armarse y las marchas pacíficas son reemplazadas por combates sangrientos con las fuerzas armadas que aún defienden el estatus quo.

 

Toda la violencia termina cuando las fuerzas militares de la vieja elite gobernante finalmente se rinden ante el nuevo ejército revolucionario.  La nueva elite revolucionaria convoca a la población a participar en un proceso constituyente cuyo resultado será la elaboración de una  nueva constitución política para el país.

 

Esto concluye el apretado resumen de la teoría de la revolución.

 

El caso chileno

 

 

Al tratar de analizar la actual situación política chilena, a la luz de la teoría de la revolución, es preciso señalar lo siguiente. Chile ya lleva más de 45 años de sufrimiento popular bajo el peso de la ideología económico neoliberal.  Primero con la dictadura pinochetista y luego con las políticas neoliberales implementadas por los partidos de la concertación por la democracia y finalmente por la nueva derecha con los gobiernos del presidente Piñera. Este tipo de larguísimo sufrimiento socioeconómico por parte de la inmensa mayoría pobre de la población (hoy día, el 80% de la población chilena recibe 550 mil pesos o menos de ingreso familiar mensual), podría ser equivalente al sufrimiento popular que la teoría de la revolución denomina “condiciones objetivas de la revolución”.

 

Se podría argumentar que el extremo sufrimiento económico que ha padecido el 80% de los chilenos más pobres por más de 45 años, podría ser equivalente al tipo de sufrimiento popular que la teoría de la revolución demanda como condiciones reales y objetivas para una verdadera revolución

 

Chile no ha caído en un periodo de recesión o de catastróficas crisis económicas en todo el periodo que va de 1985 hasta hoy día, finales de la segunda década del siglo XXI. Las dos últimas grandes recesiones económicas las sufrió Chile bajo la dictadura pinochetista. La primera gran recesión la sufrió el país a finales de la década de los 70 del siglo XX y la  segunda recesión la sufrió Chile a principios de la década de los años 80 del siglo XX. En cada una de estas recesiones, el producto interno bruto cayó en  más de un 15%. En conclusión, se podría argumentar que el extremo sufrimiento económico que ha padecido el 80% de los chilenos más pobres por más de 45 años, podría ser equivalente al tipo de sufrimiento popular que la teoría de la revolución demanda como condiciones reales y objetivas para una verdadera revolución.[1]

 

¿Qué pasa con las condiciones subjetivas? Las condiciones subjetivas de la revolución en Chile, probablemente se van a producir a lo largo del año 2020. Pero para que esto ocurra, es vital y como condición sine qua non, que un gobierno de derecha esté en control del poder en Chile. Se podría argumentar que los verdaderos revolucionarios deberían hacer todo lo posible para que el gobierno derechista actual siga en el poder y todo esto mientras se crean y consolidan las condiciones subjetivas de la revolución. Lo peor que la izquierda podría hacer es exigir la renuncia del presidente hoy día. O sea, antes que se desarrolle la gran crisis financiera mundial que se ha pronosticado para el año 2020. Prestigiosas publicaciones económicas, confiables y especializadas en la economía global,  han venido señalando desde hace años, que la crisis del año 2007 aún no ya terminado. Se argumenta con mucha documentación que los llamados “capitales golondrina” después de que arruinaron a los Estados Unidos en el año 2008, arruinaron a Europa entre los años 2010 y 2014. Después que la Europa del Sur se arruinó, estos capitales saltaron  a los países en desarrollo a fines del año 2014. Los países que más capital golondrina recibieron fueron China e India. Pero también África y América Latina fueron inundadas por este capital golondrina y Chile es uno de los países más afectados por esta invasión capitalista.

 
 

 

Hoy día, a finales del año 2019, los “capitales golondrina” han empezado a abandonar a los países emergentes y han empezado a volver al primer mundo, particularmente a los Estados Unidos. Esta nueva estampida del “capital golondrina”  que hoy sale de los países emergentes y que vuela al primer mundo, será la causa principal de la futura nueva crisis económica que azotará al planeta a finales del año 2020. Naturalmente el centro de este nuevo huracán económico será América Latina y Chile será uno de los países más afectados. La deuda en dólares de las empresas privadas chilenas es gigantesca y ella representa más del 150% del producto interno bruto chileno.

 

Si la verdadera izquierda chilena asume el poder antes de que la pronosticada crisis económica explote en Chile, una vez más serán los líderes progresistas los que sufran las culpas del infierno. Es necesario recordar que esta maldición politológica fue la que arruinó al gobierno de la primera administración progresista del presidente Arturo Alessandri Palma en 1924. También arruinó a la administración estatista del presidente Ibáñez en 1929 y también arruinó al presidente Allende en 1973.

 

Ahora, la verdadera izquierda, debería hacer todo lo posible para que la ideología neoliberal sea sepultada para siempre en el polvo de la historia chilena.

 

  1. Duque Ph.D

Cientista Político

Puerto Montt, 31 de diciembre 2019

 

[1] Es preciso clarificar que durante los años de la dictadura pinochetista, los chilenos pobres (80% de la población) sufrieron condiciones económicas deplorables e indignantes. La dictadura militar se vio obligada a crear enormes programas de trabajo específico para la población más pobre, esto con el fin de evitar que ella se muriera de hambre. Durante el gobierno de la concertación, el rápido proceso de desarrollo económico iniciado por la dictadura en 1985, se intensificó y las condiciones de vida para los más pobres mejoraron sustancialmente entre 1985 y el año 2010. Durante este periodo que Chile tuvo crecimiento económico, se crearon falsas expectativas. La inmensa mayoría de la población incluida ese 80% de los más pobres aplaudieron y apoyaron el modelo neoliberal, incluidos los intelectuales. Este proceso continuó el primer periodo del presidente Piñera. No obstante, el periodo de las vacas flacas, para el 80% más pobre se inició drásticamente a partir  del segundo periodo de la presidente Bachelet en el año 2014. Hoy día el 80% de la población más pobre, tiene una capacidad de consumo superior a la que tuvo en los años de la dictadura. Pero este consumo es producto de crédito y no de buenos salarios reales. La extrema desigualdad en la distribución del ingreso y la riqueza, se ha intensificado exponencialmente en los últimos 5 años del desarrollo chileno. El actual llamado “estallido popular” se debe a esta aberrante desigualdad que existe entre la elite, la clase media y la inmensa mayoría de las masas populares.  

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Modificado por última vez en Miércoles, 01 Enero 2020 12:37

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