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¿Qué cosas suceden con el apagón?

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Un black out energético que abarcó a prácticamente todo el país dejó en evidencia la fragilidad de un sistema que es capaz de apagar a Chile solo si cae una minúscula instalación. Peor aún, deja al descubierto la incapacidad de las autoridades llamadas a resolver la emergencia y de advertir dentro de tiempos racionales a la población. Pero, por sobre todo, deja de manifiesto la naturaleza del neoliberalismo. Ese mismo que Gabriel Boric dijo que se acabaría bajo su gestión.

Más de diez horas el país estuvo a oscuras. La emergencia dejó a millones de pasajeros del Metro de la capital sin opciones de movilización. Colapsaron calles, avenidas y carreteras. La gente en sus trabajos no sabía si quedarse o irse. Edificios, negocios, empresas e instituciones que dependen de la energía eléctrica dejaron de funcionar. Gente atrapada en ascensores. Y la compañía a cargo de la energía eléctrica, ENEL, invitaba a los pacientes electrodependientes a irse a los hospitales.

Lo peor para algunos fue la suspensión de la jornada festivalera en Viña del Mar.

El caos.




Una vez superada la emergencia, se supo que estas caídas tienen un umbral de cuatro horas para ser superadas, a partir de las cuales viene la incomunicación casi total porque la baterías de las antenas transmisoras de los teléfonos celulares y de la internet se agotan en ese lapso.

Algo parecido sucedió el año 2010, pero entonces hubo un terremoto grado 8.8 Richter, es decir, de los más grandes jamás registrados.

Este vez la catástrofe que azota al país y que explica este apagón y sus máculas, se llama neoliberalismo.

Esta economía del más vivo e inescrupuloso, esta cultura, lo viene haciendo desde que los militares traicionaron sus juramentos y sus banderas para bombardear La Moneda, matar al presidente Salvador Allende e iniciar una matanza que hasta este minuto aún se mantiene viva en las 1.210 personas detenidas desparecidos que aún esperan a que sus asesinos digan dónde están.

Es el triunfo definitivo de la derecha más abyecta y sus compinches de la Concertación de partidos por la democracia, la Nueva Mayoría y ahora el Frente Amplio, la que ha ampliado sus alcances y profundizando sus efectos, al extremo de privatizar hasta los goles del domingo.

Si hasta el principio de libre mercado, eso de ser libres para elegir, ha sido carcomido para los extremistas neoliberales los que no han permitido que los usuarios de la energía eléctrica tengan la opción de elegir entre empresas que ofrezcan el servicio.

Hija de la misma ramera es el hecho increíble, es decir, risible y que afina la percepción de estar en manos de delincuentes que buscan hacerse de dinero al costo que sea, es el hecho de que los únicos dispositivos públicos que gozaban de energía para seguir funcionando, hayan sido las autopistas concesionadas, las que, ni cortas ni perezosas ampliaron  su cobro a horario alto. Es decir, cuando todo era un caos vial, esas hienas con RUT e iniciación de actividades, se dedicaron a ganar dinero con la tragedia de la gente.

Entonces ahora vendrá la segunda parte del tinglado neoliberal.

Se hará un proceso para determinar responsables del apagón. Se aplicarán complejos mecanismos, alambicados protocolos e ingeniosos métodos de cálculo para llegar, en el mejor de los casos, a las multas que las empresas deberán pagar por el cagazo. Luego, se conocerá el plazo que tendrán para el efecto. Lo que se hará en cómodas cuotas mensuales por un largo tiempo.

Y un día de esos, cuando ya este desaguisado sea un recuerdo brumoso, usted no va a notar una leve alza en sus cuentas de energía. Sabroso.

Es que así funciona el sistema: en cagar a la gente una y mil veces. En sacarle todo lo que puedan. En cogotearla en cada compra, crédito o servicio que paga. En los bajos sueldos para promover el endeudamiento. En las penas del infierno si hace efectivo su derecho a pataleo, protesta, paro, huelga o lo que sea. En las leyes contrainsurgentes que se esconden en la legislación laboral y que en los hechos criminaliza los derechos que los trabajadores se demoraron siglos en lograr.

Y si aun así usted se pone chúcaro e igual pelea por sus derechos, va a quedar sin trabajo y no podrá pagar el dividendo de la casa, la cuota del auto, la mensualidad del celular y la matricula del hijo estudiante, el agua, la luz y la salida a comer suchi de vez en cuando.  Y peor aún, no tendrá acceso a ningún crédito. Es decir, dejará de ser.

Así que mejor, se calla y rumia en silencio su drama sin saber a quien culpar

Y para que lo entienda mejor: esto que pasa con la energía, también sucede en la educación, la salud, el sistema de AFP, las ISAPRES, el transporte público, la telefonía, la internet, el sistema bancario, el retail, el sistema vial, la justicia, las universidades, en las poblaciones desprovistas de Estado, las policías y hasta en el fútbol profesional y en lo que a usted se le ocurra.

Entienda que el neoliberalismo es una cultura, una forma de ser y de pensar, de comer y de dormir, de pagar y de cobrar, de viajar y de relacionarse con otros.

Así, cuando se sienta agobiado, cercado por un sistema frente al cual no tiene ninguna opción, cuando cree que está en manos de malvados con carné, cuando tenga la impresión de que este país está hecho solo para los ricos y poderosos, sepa que esto se llama neoliberalismo.

Así sea que, si le preguntan, no tenga idea de qué se trata.

 

Ricardo Candia Cares



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Ricardo Candia

Escritor y periodista

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