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jueves, 09 de septiembre de 2010
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PS: Después de las fraudulentas elecciones |
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escrito por Ernesto Navarro Guzmán
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lunes, 26 de julio de 2010 |
En el curso de unos cuantos meses las expresiones de la lucha política al interior del Partido Socialista han mostrado algunos sorprendentes cambios. Es evidente que lo que hoy ocurre ha tenido un largo proceso de gestación: en verdad, desde la fecha misma en que se hicieron cargo del PS los grupos que conforman la cúpula que lo ha dirigido desde entonces, y que ha costado tanto en términos de la pérdida de dignidad y acervos políticos a la militancia socialista y a la izquierda chilena. |
No se trata de que el socialismo haya despertado súbitamente ahora de un prolongado letargo determinado por el aplastamiento, la resignación y la sumisión. Lo único nuevo está en que lo que hasta ayer era oculto, silencioso, no se ha contenido más en los marcos del ocultamiento y el silencio y hoy vemos que va estallando con fuerza desafiante.
Si antes fue el pesimismo y la desesperanza, importa mucho que no se incurra ahora en el mismo error con la ilusión de que todo camina linealmente hacia la satisfacción plena de las aspiraciones contenidas. Por ello un elemental sentido de la responsabilidad política obliga a medir las cosas no por las expectativas que legítimamente se han abierto, si no por los hechos concretos tal como hasta ahora se vienen produciendo.
Es un hecho que la lucha interior que se da en el PS (no obstante que se decretó que no existen las clases sociales) ha marcado una nueva fase, y que se inicia dando pruebas de una fuerza política sorprendente, al menos en algunos sectores del PS que guardan memoria histórica y sobre todo dignidad humana y política. Lo es también porque el calor de las expresiones de esa fuerza popular se ha hecho presente. Y junto a ello, han buscado asumir liderazgos las expresiones de otros intereses, algunos en conflicto pero no necesariamente contradictorios con la naturaleza esencial de la cúpula. Tal vez no tarde mucho, una vez pasadas las elecciones, en que sea un hecho la conformación de una alianza de representaciones políticas de relativa amplitud, con la cúpula reinante. Ello muy probablemente, como resultado de un “diálogo” que se ampare en supuestos militantes “probos” del partido. Pero nada habrá cambiado, no se resolverán los graves problemas por ese camino del autoritarismo “rasca”, y el “chanchullo”.
El PS constituyó un insoslayable referente moral en la historia de las luchas políticas y sociales de Chile, al menos desde los años treinta del siglo pasado, siempre (salvo durante el período postdictadura) a la cabeza de las mejores causas; en la formulación de teoría de gran aliento o en las prácticas de luchas específicas; en la estrategia de largo plazo o en la táctica del aquí y ahora. En todo caso, siempre representando no sólo los intereses mayoritarios de los trabajadores y del pueblo en general sino también en las reivindicaciones democráticas de las minorías tan excluidas de la vida nacional.
Sabido es que hoy el país necesita una izquierda unida en torno a programas constructores de ciudadanía (complejo trabajo con cuatro millones de pobres, millones de endeudados y un país en manos de la derecha auténtica) e impulsores de la igualdad social. Para tales propósitos el país exige un verdadero proyecto de izquierda, y no melifluos eufemismos que ofrecen algunos sectores aspirantes a compartir la dirección, así como el oficialismo del PS, ahora que se acercan las elecciones de autoridades (con un padrón de militantes fraudulento). Igualmente se necesita un PS caracterizado por su esencia ética de la cual hoy esta tan lejos, tanto en los órganos legislativos, en las ciudades, en el campo, pero especialmente a partir de su propia vida interna. Es imprescindible en la tarea colectiva destinada a abrir un proceso de democratización verdadera a partir de la formulación de una nueva Constitución que se origine en una Asamblea Nacional Constituyente, o sea en el seno mismo del pueblo trabajador y popular (o de la gente como gusta tanto decir ahora). Así, existe una realidad partidaria heterogénea, pero al mismo tiempo con enorme potencialidad desde su izquierda consecuente con su naturaleza esencial. Al mismo tiempo unida en lo sustancial, como ajena al autoritarismo, sensata y constructiva, capaz de dialogar con todas las fuerzas políticas y de encontrar acuerdos, sí, pero también decidida a defender y a difundir unos derechos básicos cuyas notas vertebradoras difieren en sus fondos y en sus formas, en sus esencias y en sus contorno, de todos aquellos intereses representados por la derecha política o económica, o financiera. El país demanda un PS (y una izquierda) insensible a los gesticuladores mesiánicos y a los perdonavidas de arrabal. Un PS capaz de la autocrítica despiadada y a prescindir de sus no pocos personajes indeseables que han hecho su aporte a la conducción actual llevándolo a la situación crítica en que hoy se encuentra.
Si quiere sobrevivir y volver a tener genuina influencia y representación en la vida del país, debe autosometerse a la amputación de sus muy hondos tejidos descompuestos y no renunciar a la utopía (parte de la realidad también), como elemento dignificador de su presencia nacional.
Se requiere de un PS unitario, socialista y democrático, flexible, sí, pero moralmente incapaz de avalar oprobiosos cambalaches, oportunismos sin decoro, claudicaciones ideológicas o componendas “en lo obscurito”, embozadas bajo el disfraz de acuerdos políticos. Como se advierte, el genuino PS e izquierda, caracterizada por sus dignas raíces y su honrado porvenir, no se identifica, ni de lejos, con el actual PS que tenemos. Tal vez el oficialismo diría “¡es lo que hay”!. Así las cosas caben al menos algunas interrogantes; ¿Se atreverá el PS, éste, el de hoy, amnésico de su honorable pasado (no todo claro está) defraudador de sus principios originales llevar a cabo el urgente proceso reconstructor de su unidad en lo esencial? ¿Podrá reconciliarse con los amplios sectores sociales que le han retirado su apoyo? ¿Prescindirá de sus anacrónicas prácticas autoritarias? ¿Se deshará de las trepadoras y de los trepadores que, ocultos bajo la máscara de un falso izquierdismo, lo han hecho perder entidad e identidad y la han empujado hasta los fétidos subterráneos de la peor política?
Pero ahora tenemos un llamado de última hora a Congreso General, realizado por una comisión de militantes socialistas elegidos a dedo. No obstante es de esperar sensatez, decencia y que ellos “hagan su tarea” (tal vez mal, pero que la hagan). Tal esfuerzo implica esencialmente confeccionar un temario que recoja el sentir ya mayoritario de los socialistas auténticos y por lo menos contemplar el preguntarse colectivamente: ¿qué es el PS que tenemos?, ¿ qué PS necesitamos?, ¿para qué y para quién se desea un nuevo PS. ¿Se atreverán? DESDE DE COMUNAL MÉXICO Ernesto Navarro Guzmán Presidente Comunal México del PSCH En México a 23 de julio 2010.
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